Fondo y forma

Se derrumbó medio edificio en Madrid, y pudimos husmear en la intimidad de esas familias tan parecidas, tan intercambiables que fueron desalojadas justo antes del terrible ‘destape’.
Imaginad una calavera que, pese a haber perdido todas sus partes blandas, conservara las ideas que en su día la hubieran habitado. Pues eso parece esta fotografía: la imagen de un cráneo que, pese a haber perdido la piel, atesora, incólumes, los pensamientos que en otra época dieron sentido al cuerpo.
He aquí un rostro al que han levantado la cara de arriba abajo y por cuyos orificios nos resulta posible observar un sistema de pensamiento, una forma de vida, un modo de estar. Sorprende que, tratándose de tres viviendas diferentes, el contenido apenas resulte desigual. He ahí las lámparas, los sofás, los muebles multiusos, las mesas , los cuadros de las paredes…
Conmueve comprobar que somos tan uniformes por dentro como por fuera, que el interior posee también algo de portada, que todas las escaleras conducen, en última instancia, al mismo hogar. (¿no os habéis asombrado nunca frente a esos hormigueros de metacrilato en los que al asomarnos nos vemos a nosotros mismos viniendo del mercado o yendo a él?).
Se nos saltaban las lágrimas al observar esta calavera, este cráneo cuyas paredes contenían filosofías de la existencia perfectamente intercambiables, hasta el punto de que el inquilino del primero podría haber vivido en el segundo, y viceversa. Y es que en el fondo, nos guste o no, somos tan parecidos como en la forma.

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